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Siempre contigo

Cuando pienso en ti, recuerdo la primera vez que nos vimos.
Cuando pienso en ti, recuerdo la timidez de tus palabras y tus gestos.
Cuando pienso en ti, hoy, nada de eso veo ya, sólo acierto a vislumbrar la poderosa persona en la que te has convertido. En la transformación que has experimentado desde el día que comprendiste que todo era posible, que tu vida te pertenecía y tú a ella y, juntos, iniciasteis el baile.
Cuando apareces ante mí, todo se ilumina, porque eres luz. Sé de tus miedos, de tu frío atravesándote el cuerpo de lado a lado. Lo sé, lo sentía contigo, pero también sé que a pesar de ellos saliste al camino y ya nada te impidió recorrerlo.
Eres mi cliente más complejo y a la vez más divino, el más perturbador y el más apasionante.
Tantas y tantas horas compartidas y ahora estás aquí, sabiendo que tu mirada está puesta en el frente y sólo ahí desde que supiste la verdad del misterio de la vida, de tu vida, e integraste toda tu experiencia en una, ser consciente de tu existencia.
Cuando compartimos, sabes que no hay palabras huecas, ni verbo endulzado. Cuando te veo, nada de lo que pueda o quiera decirte añadirá un ápice a tu valía, porque ya eres total y completo como eres.
Cuando te miro, te doy las gracias por permitirme, acogerme y rodearme en tu experiencia y por mostrarme el camino de conexión infinita.
Cuando apareces, sé que te sientes orgulloso, efervescente, brillante, y yo también, de ti.
Y por todo ello, no puedo más que decir: ¡gracias, gracias, gracias!


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