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Sólo para valientes

El puente siempre aparece
Sólo para valientes, decididos, avanzadores, enamorados de la vida, de su vida, empeñados en crecer, aventureros, emprendedores vitales, antirrutinas, apagaconfort, ..., y muchos más, gente que simplemente quiere mejorar su vida en uno o varios aspectos con los que necesita sentirse más a gusto en su propia piel.
Un proceso de coaching abre todo un mundo de posibilidades a la vida, a tu vida, y hay que estar dispuesto a encontrar sin asustarse, sin temerle al abismo porque el puente aparece, seguro.
Lo sé por experiencia, todo sale bien, aunque no lo veamos o no lo entendamos así inicialmente.
Un proceso de coaching es como aventurarse en la más extraordinaria selva llena de belleza y tesoros escondidos, los tuyos, los propios, los de cada uno. Es como iniciar una nueva vida si llevas mucho tiempo habitando sólo en el confort de la rutina. Es comenzar un fascinante viaje hacia ti, tus amores y desamores, tus luces y tus sombras, donde todo es bien recibido y agradecido.
Es vivir y darte cuenta de que hay vida más allá de esas cuatro paredes, de tu jaula, de tus creencias, de tus pensamientos cansinos.
Hacer coaching no es hacer milagros, pero se le parece; no es hacer magia, pero te conviertes en mago, en alquimista, tu vida se transforma y comienzas a ver con los ojos abiertos (antes lo hacías, pero no veías).
El coaching no está pensado para el catálogo de excusas que te cuentas una y otra vez, porque las desactiva; no está pensado para el que deja pasar, para el que no se implica consigo mismo, con su pasión, no está hecho para el mañana empiezo o el mañana voy, no.
Y no pasa nada, está bien, cada uno decide dónde quiere estar, con todo mi respeto y amor.
El coaching se entiende mucho mejor con el que apuesta, se decide, quiere. Con el que se siente vivo, enganchado a la vida, cansado del autoprograma, capaz.
Desde mi experiencia, he sentido cómo algunos de mis clientes (pocos, pero los hay) comenzaban un proceso de coaching y abandonaban cuando descubrían que su vida no sería la misma y no estaban preparados para dejar los hábitos tóxicos que los mantenían en el bloqueo o cambiar una situación enquistada o decir adiós amorosamente a esa persona de sus vidas, porque el cambio y la transformación pueden intimidar e iniciar un proceso de coaching conlleva abrir parcelas insospechadas de uno mismo que quizá haya que trabajar y mucho.
¿Por qué cuento esto? Porque en ocasiones parece que es el coach el que hace el cambio y es el cliente quien trabaja en su propio beneficio acompañado por su coach, no al revés.
Así que coaching es compromiso, querer, poder, capacitarte y si no es así, pero estás decidido, se trabaja, porque se necesita decisión e intención, todo lo demás se practica, se aprende, se integra en el proceso cuanto sea necesario.
Entonces ocurre y el puente estaba ahí, los recursos aparecen, las personas y las situaciones estaban delante y, ¡oh, magia!, todo está a tu disposición, según el guión o no, pero sucede y dejas de ser esa versión resumida y canija de ti mismo para mostrar la mejor versión, la expandida, la ampliada y entonces te das cuenta de que no hay límites, sólo estaban en tu mente.
Y lo mejor de todo: lo has hecho tú, con tus miedos y tus vergüenzas, y a pesar de ellos, pero sobre todo con tu empeño, tu fuerza, tu decisión, tu empuje y tu grandeza.
¿Te atreves a aceptar el reto? Sí, tú.

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