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Echo a andar y descubro que tengo piernas

Qué pequeños nos autoimaginamos, nos pensamos y nos sentimos cuando hacemos nuestras todas las creencias limitantes que nos imponen desde que nacemos.
Y cuán grandes nos desplegamos el día que descubrimos que no hay límites y que disfrutamos de un potencial inimaginable e inmenso.
Si no nos retamos, no experimentamos; si no experimentamos, no expandimos nuestra zona de comodidad; si no nos expandimos, no crecemos.
Son tantas las creencias constrictivas que alimentamos, que terminamos viéndonos sin recursos, sin capacidad, sin opciones y, casi lo peor, sin esperanza de que esto pueda ser de otra manera.
Desde aquí nuevamente, una renovada apuesta por la inmensidad del ser humano, de nosotros mismos, incluso, a pesar de nosotros mismos. Porque somos inconmensurables, inefables, y qué bueno sería descubrirlo cada día, descubriéndonos cada día.
La propuesta es clara. Pongámonos en marcha YA, pasemos a la acción y descubramos esa fascinante vida que hemos diseñado para nosotros, porque las piernas, los recursos y nuestras capacidades están ahí, esperando a que nos demos cuenta y nos fijemos en ellos para comenzar a funcionar.
Supongo que ahora pensarás en las mil excusas del catálogo, pero a estas alturas sabes perfectamente que todo son ficciones y que cuando dejes de sustentarlas, observarás que sólo eran ruido.
El camino aparece cuando comienzas a recorrerlo y es en ese hermoso momento cuando te das cuenta de que además tienes unas maravillosas piernas que te ayudan a seguirlo.
Ya es hora de agradecer tu camino. Ya es hora de descubrir que tienes piernas. Ve y empieza a andar.

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