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Felicidad cotidiana

La vida nunca deja de sorprendernos, aunque la ignoremos, la ninguneemos y la silenciemos.
Inmersos en nuestra cotidiana monotonía, no vemos la mayoría de las veces las luces que rodean nuestra existencia, los milagros, la magia y los momentos sublimes de los lunes, los martes, los miércoles...
Ayer me sorprendí observando la cantidad de abejas que revoloteaban entre las lilas de mi terraza mientras me hacía esta reflexión: Vaya, si las abejas están en peligro, han debido encontrar un entorno idóneo para venir aquí. ¡Qué suerte!
Tras escucharme a mí misma decir eso, dos reflexiones más: ¿Por qué no las había visto otros años, no habían venido, no las recordaba o quizá era la primera vez que venían? ¿Por qué creía tener suerte de presenciar tal exhibición?
Y dos respuestas: Porque hoy me estoy dando cuenta y porque no deja de ser un milagro observar en tu propia casa el espectáculo del trabajo de las abejas, que sabemos responde a un perfecto guión de la naturaleza y lo están ejecutando con total precisión delante de mis narices.
¿No es realmente un milagro poder disfrutar de ellas un día cualquiera de abril sin haberlo previsto?
A eso me refiero cuando hablo de la magia de la vida cotidiana, no hay nada que se acerque más a mi definición de felicidad que darme cuenta de lo que ocurre a mi alrededor y disfrutarlo. Así de simple.


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